En los meses de Noviembre y
Diciembre en la península es típico salir de excursiones para la caza de la
micología en lugares ya fichados por gente que ya conoce los lugares donde crecen
y se acumulan una gran cantidad de setas comestibles, como también era costumbre,
la repartición de estos hongos a familiares, amigos y conocidos.
Pero estos últimos años,
estas costumbres han cambiado, y tal es así, que dichas personas que recogen
los hongos ponen precio al kilo y los venden.
Pero…. ¿Esto es legal? ¿Nos
podemos fiar de las personas que recogen los hongos? ¿Serán verdaderamente
comestibles?
En Gipuzkoa se puede recolectar hasta 5 kilos al día (y no hay que pagar). En algunas provincias como Burgos, Álava, Soria y Navarra, los aficionados sólo pueden coger setas previo pago de un permiso diario que cuesta entre 3 y 18 euros, dependiendo de cada municipio. Estas setas son exclusivamente para consumo personal, por tanto está prohibido venderlas.
Cobrar al aficionado es por puro afán recaudatorio. Cada ayuntamiento pone sus reglas del juego. Son los reinos de taifas. Es un robo a mano armada.
Para poder comercializar con las especies recogidas hace falta una licencia especial que cuesta más de 200 euros.
Un importante porcentaje de los restaurantes españoles compra o ha comprado setas a
gente sin licencia. En la caja tiene que estar registrado la procedencia de la
seta y el sello de calidad que ponen los mayoristas, pero se vende habitualmente en
negro, directamente de aficionado a hostelero.
Se trata de un negocio escurridizo que pasa desapercibido por el carácter consuetudinario y de aceptación social que mantiene hoy en día.


